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Cómo funciona un aval en un crédito y qué riesgos implica

Cómo funciona un aval en un crédito y qué riesgos implica

Seguro que dentro de los términos financieros que uno oye repetidamente has escuchado la palabra aval. Y es uno de los conceptos que más dudas genera a los usuarios del mundo financiero y solicitantes de créditos. ¿Por qué te lo piden? ¿Qué responsabilidad contraes si decides avalar a alguien? O, al contrario, si eres tú el que necesita el aval, ¿cómo debes abordar la situación?

En Plazo Credit, pensamos que la información es necesaria para poder llevar a cabo una gestión financiera responsable. De ahí que, hayamos recopilado todo lo que tienes que saber acerca de qué es un aval, cómo funciona realmente y, lo más importante, qué riesgos conlleva para todas las partes implicadas.

¿Qué es exactamente un aval?

Un aval es, en resumen, una especie de garantía adicional que una persona, en este caso el avalista, ofrece a una entidad financiera, denominada el acreedor, para asegurar el cumplimiento de una obligación de pago de otra persona, al que se llama el avalado o deudor principal.

Vamos a poner un ejemplo práctico para entenderlo mejor: Imagina que tu hermano solicita un préstamo personal de 15.000 € para montar un negocio. La entidad bancaria, tras analizar su solvencia  y muchos papeles, como la nómina, el historial crediticio, otras deudas…, considera que el riesgo es demasiado elevado para concederle el crédito en solitario. Es entonces cuando le pide un aval. Tú, que confías en tu hermano y consideras que ese negocio va a funcionar, al aceptar ser su avalista, le das a la entidad la seguridad de que, si tu hermano no puede pagar, tú te harás cargo de la deuda. Tu patrimonio se convierte en la red de seguridad del préstamo.

¿Cómo funciona el proceso de avalar?

El mecanismo es muy sencillo, pero sus implicaciones son profundas:

  1. Análisis del avalista: No todo el mundo puede ser avalista. La entidad financiera evaluará tu solvencia con el mismo o incluso mayor rigor que la del solicitante principal. Analizarán tus ingresos, tus bienes (como una vivienda en propiedad) y tu historial en el CIRBE (Central de Información de Riesgos del Banco de España). Tu perfil debe ser, en definitiva, más sólido que el del avalado para que la garantía tenga valor.
  2. Firma del contrato: El aval se formaliza en el mismo contrato del préstamo o en un documento aparte llamado póliza de aval. Es crucial que leas este documento con lupa. Debes fijarte en:
    • Tipo de aval: ¿Es solidario o beneficio de excusión? Esto es clave, enseguida te lo explicamos.
    • Cobertura: ¿Garantizamos el 100% de la deuda o sólo una parte? ¿Incluye solo el capital o también los intereses y los gastos de reclamación?
    • Duración: ¿El aval es por un tiempo determinado o cubre toda la vida del préstamo? 
  3. La “activación” del aval: El aval permanece inactivo mientras el deudor principal pague sus cuotas puntualmente. Solo se “activa” en caso de impago. Tras un periodo de mora, la entidad se dirigirá primero al deudor principal. Si este no regulariza la situación, ejercerá su derecho a reclamar la deuda al avalista.

Los riesgos del avalista: Lo que debes saber antes de firmar

Avalar no es un simple trámite ni un favor que se hace con un papel. Es un acto de gran responsabilidad financiera y personal. Estos son los riesgos principales:

  1. Riesgo económico total: El principal riesgo es afectar gravemente tu patrimonio personal. Si el avalado no paga, la entidad puede exigir el pago de la deuda pendiente, los intereses de demora y los costes asociados (comisiones, gastos judiciales…). Si no puedes hacer frente a este pago con tu liquidez, la entidad podría embargar tus bienes, como tu cuenta bancaria o incluso tu vivienda si fue dada como garantía.
  2. Riesgo para tu historial crediticio: El impago de la deuda por parte del avalado se reflejará también en tu historial en el CIRBE. Esto significa que, en el futuro, te resultará mucho más difícil obtener financiación para ti mismo (una hipoteca, un coche…), ya que aparecerás como garante de una deuda impagada.
  3. Riesgo relacional: Este es quizás el más doloroso. Un impago puede provocar tensiones o incluso romper la relación con la persona a la que avalaste (un familiar, un amigo cercano). Los problemas económicos suelen generar conflictos personales muy serios.

Aval Solidario vs. Aval con Beneficio de Excusión

Es a lo que antes hacíamos referencia y que ahora te vamos a explicar en detalle para que lo entiendas con claridad. Es imprescindible que conozcas la diferencia, ya que define cómo te pueden reclamar la deuda:

  • Aval Solidario: Es el más común y el más arriesgado para ti. Significa que la entidad puede dirigirse indistintamente al deudor principal o a ti para cobrar la deuda. No están obligados a agotar primero todas las vías con el deudor principal. Es la forma de garantía más fuerte para el banco.
  • Aval con Beneficio de Excusión: Este tipo es más favorable para el avalista. Estipula que la entidad financiera sólo podrá reclamarte la deuda después de haber intentado cobrar del deudor principal y haber demostrado que este no tiene bienes suficientes para cubrirla (lo que se llama “embargar y no encontrar nada”). Es más difícil de encontrar, pero se puede negociar.

Un acto de confianza, pero con precaución

Ser avalista es un acto de generosidad y confianza enorme, pero debe abordarse con la mente fría y la máxima información. Antes de firmar:

  1. Evalúa tu propia situación financiera. ¿Realmente puedes asumir esa deuda si las cosas salen mal?
  2. Analiza la solvencia y seriedad del avalado. ¿Es una persona responsable?, ¿Confías en él?, ¿Su proyecto es viable?
  3. Lee el contrato detenidamente y asegúrate de entender el tipo de aval y su alcance. Si hay algo que no comprendes, consulta con un experto.
  4. Considera alternativas, como buscar un préstamo que no requiera aval o donde el avalado pueda ofrecer otra garantía.

En Plazo Credit, siempre recomendamos la transparencia y la prudencia. Un crédito es una herramienta poderosa para alcanzar tus metas, y un aval es su complemento más serio. Gestionar ambos con responsabilidad es la clave para evitar sustos y proteger tu salud financiera y tus relaciones personales.

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